Hace 5 meses mi vida cambió, el verano no había sido nada agradable, comenzó con un examen que marcaría mi existencia, la temida Ebau, a la que se unió una sucesión de días iguales en los que mi mente me atormentaba constantemente, no estaba bien, he de reconocerlo. El verano me separo de mis amigos, y apenas salí de mi entorno, me encerré en mí misma, y a medida que se acercaba septiembre iba adquiriendo más temor, era el 'temido septiembre', sin embargo, supuso todo lo contrario, eso se convirtió ,precisamente, en el cambio que mi vida necesitaba, no solo para madurar, sino que también para ser más feliz de lo que en ese momento lo era.
Recuerdo a la perfección el día en el que me fui, me levanté muy temprano, a las 9, había quedado para desayunar con mi mejor amigo, para despedirnos 'formalmente', me vestí y para mi sorpresa no estaba nada nerviosa, al contrario, estaba tranquila y las ganas se iban apoderando de mí. Al llegar al sitio en el que habíamos quedado, me preguntó-¿muy nerviosa?, y yo, sin pensarlo, le contesté-no, con muchas ganas. Emprendimos camino hacia la pastelería en la que queríamos desayunar, compartimos charlas como las que acostumbramos a hacer cuando estamos juntos, y le reconocí, que quizás sí que estaba un poco nerviosa. A las dos horas o así, nos despedimos, pensaba que iba a ser mucho más trágico, pero no derramé ninguna lágrima, pues tenía la certeza de que las buenas amistades nunca se pierden sin depender de la distancia.
El día se pasó muy rápido, pronto llegó la hora de marcharnos, bajamos todas las maletas (llevaba media casa, solo para mí, todo rosa, por supuesto), llegó el momento de despedirme de mi querida abuela, en ese momento ocurrió algo que no habitúo a presenciar, mi abuela comenzó a llorar, decía que le daba pena, puesto que el marcharme de casa suponía que me estaba haciendo mayor, he de reconocer que aquí comencé a llorar. Posteriormente, tras hacer un puzzle para que todo cupiese nos marchamos, el trayecto se me hizo corto, tenía una mezcla de sentimientos, ya que, cuanto más corto fuera el trayecto antes se marcharían mis padres.
Al llegar a la residencia, comenzamos a descargar todo lo que llevaba, pronto comencé a visualizar a varios estudiantes que posiblemente se convertirían en mis amigos, y ,así fue, mientras llevaba todo hacia lo que sería mi nueva habitación, empecé a entablar conversación con una chica, que poseía un acento curioso, nos quejamos de todo lo que llevábamos, hasta un puff, decía ella, quien nos iba a decir que pocos meses después se convertiría en una persona tan importante para mí. Al terminar de llevarlo todo, decidimos ir a tomar algo para no separarme de mis padres tan pronto, después de eso, se marcharon, reconozco que desprendí más de una lágrima, al fin y al cabo era el primer paso hacia mi independencia, algo que nunca había experimentado.
Sin embargo, duró poco, pronto apareció aquella niña con la que había bailado de pequeña y ,que, me acompañaría en esta experiencia, decidí marcharme con mis veteranos, para conocerlos y ,así conocer a los que serían mis compañeros de clase, llegué y todos eran tan simpáticos, que hicieron que se me olvidase todo lo anterior y no parase de reírme durante unas dos horas. Al caer la noche, quedé con mi querida amiga para ir a cenar una deliciosa hamburguesa, la cual devoramos en aquel banco del Paseo más conocido de Cáceres, estuvimos allí hasta que llegó la hora de volver a la residencia. Como no podía ser de otra forma, acabamos perdiéndonos y nos fuimos dos paradas más abajo de la que deberíamos haber pulsado, pero se convirtió en un recuerdo que tardaremos en olvidar.
Al volver a lo que sería nuestra casa, encontramos a varias personas sentadas, veteranos que hacían todo tipo de preguntas para conocer a los que habían llegado nuevos a la residencia, aquí conocí a tres amigos más, que hoy en día, son super importantes, y ,no me cabe duda de que lo seguirán siendo pese a la circunstancias. Al final de la noche, llamé a mis padres para contarles todo aquello que había hecho, lo cual se convirtió en una tradición que cumplo todas las noches antes de irme a dormir.
Al día siguiente, me levanté muy temprano, me puse mis mejores galas, porque aquel era mi primer día de universidad, a pesar de lo 'dramas' que suelo ser, para mi sorpresa dormí perfectamente y me levanté tan tranquila como cualquier otro día. Cuando ya estaba preparada, fui a desayunar con mis compis, y, después, nos marchamos a la universidad, pero como no podía ser de otra manera perdí mi gel hidro alcohólico y tuve que volver a por él, fue entonces cuando conocí a otra gran persona, que me pica todo lo que quiere y más.
Al llegar a la universidad, me senté en un banco a esperar que llegara la hora de entrar en clase, conocí en este momento a la que sería una de mis grandes amigas de la uni, era de Mérida y me parecía una chica con una risa tan graciosa, poco después, conocería a aquel chico con el que había hablado días antes y que estudiaba una simultániedad, el cual también se convertiría en alguien muy especial en mi vida. Las clases fueron pasando y llegó el momento de volver a la residencia y de conocer a otra gran persona que resultó ser mi vecina de habitación, la reunión de aquella tarde forjó a un pequeño grupo de personas que celebrarían todos los cumpleaños existentes, con tartas, globos y un sinfín de fotos.
Hoy día, y cinco meses después, tengo la certeza de que, haber elegido Cáceres para mi vida universitaria, es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, se trata de una ciudad perfecta, pequeña, pero perfecta, sin embargo, y no me cansaré nunca de decirlo, la vida universitaria te la hacen las personas a las que conoces y no me cabe duda de que es así, esta querida ciudad me ha dado a personas magníficas con las que me ha dado a compartir cantidad de vivencias a pesar de las adversidades.
¡Hasta la próxima!
Marti.
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